27/oct
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El Festival de Itálica creció con la EXPO’92

El Festival de Itálica supo estar a la altura de un acontecimiento del calado internacional como el de la EXPO’92 con una amplia edición que cubrió los meses de junio a agosto de este significativo año. Fueron catorce espectáculos, cinco americanos y nueve europeos enmarcados bajo el lema ‘Creadores del siglo XX’, que alternaban danza moderna y clásica en el marco del Anfiteatro Romano. Precisamente fueron los diferentes pabellones nacionales o regionales de la Exposición Universal quienes presentaron a sus compañías. En su doceava edición, la variedad estilística y el indudable el atractivo escenario de estas noches, sin duda propició el descubrimiento del arte de la danza a muchos.

El Pabellón de Aragón se encargó de dar el pistoletazo de salida con una gala de estrellas en honor de María de Ávila. Fue una noche de clásicos imperecederos con diferentes fragmentos desde ‘Romeo y Julieta’ a ‘Giselle’ en mano de una nutrida lista de intérpretes: Elisabeth Loscavio, Antonio Castilla, Trinidad Sevillano, Patrick Armand, Ana Laguna, Iván Auzely, Amalia Iglesias y Gil Isoart bailaron sobre el escenario del Anfiteatro para deleite del numeroso público.

El relevo, con dos funciones, lo hizo la esperadísima Graham Dance Company. Su primera presentación en nuestro festival  incluyó ‘Los ojos de la diosa’, expresamente encargada por la Sociedad Estatal Quinto Centenario y la que finalmente resultó ser el último trabajo de la mítica coreógrafa estadounidense fallecida un año antes de su estreno. En 2004, esta vez en el Teatro de Itálica, pudimos volver a disfrutar de esta afamada compañía por segunda vez.

Sin salir del norte de América y también con dos fechas a caballo entre junio y julio, la compañía Les Grads ballets Canadiens cumplieron 35 años de actividad en 1.992. Especializados en los ballets del siglo XIX, tuvo el encargo de llevar al escenario del anfiteatro su particular versión de ‘El Sombrero de tres picos’ de Manuel de Falla y la escenografía de Picasso a Itálica con la producción de las Sociedad Estatal Quinto Centenario y el Ministerio de Cultura.

A principios de julio el Pabellón de Finlandia quiso traer a nuestro festival una muestra de su danza contemporánea y el acercamiento al teatro programando el Helsinki City Theatre Dance Group, que bajo la dirección de Carolyn Carlson estrenó ‘Blokuu’.

A continuación, el Pabellón de Murcia trajo a Merche Esmeralda que, al frente en aquella época del reconocido ballet de la esta comunidad, hizo una variada muestra de su talento con varias piezas especialmente escogidas para la ocasión.

Variedad también presentada a mediados de julio por el Ballet de Ohio que, con Jonh MacFall como director especializado tanto en piezas clásicas como contemporáneas, estrenó en nuestro festival cuatro coreografías inéditas.

De vuelta a Europa, la francesa Régine Chopinot estrenó en España ‘St.  Georges’ con el atractivo añadido de un diseño de vestuario en manos de Jena Paul Gaultier y la música medieval de Ensemble Mora Vocis.

Ya encarando el final del mes de julio, dimos el salto a las islas con el English National Ballet, que ofreció cuatro piezas entre las que se encontraba el estreno de ‘A stranger I came’ del coreógrafo Robert North, basada en la música de Schubert.

Por su parte, ‘Zona tórrida’ fue la propuesta de la compañía contemporánea venezolana Danza Hoy, mientras que El ballet de Santiago, desde Chile,  eligió para sus dos funciones en el Anfiteatro Romano una selección de sus mejores coreografías.

El Ballet de Víctor Ullate, nombre imprescindible y recurrente en nuestro festival, fue precisamente alumno de la homenajeada María de Ávila. Para este especial año presentó el estreno mundial  las coreografías ‘Paso a dos’ y ‘Arrayán daraxa’.

Comenzando la programación del mes de agosto acogimos a el Ballet Gulbenkian de nuestros vecinos de Portugal, que nos regaló cuatro coreografías. Nos encontrábamos en la recta final de una intensa y rica edición que se remató con el estreno de ‘Cortex’ de la francesa Maguy Marin y las tres noches vividas junto a el Ballet Lírico Nacional, que presentó cuatro coreografías de Nacho Duato.

En definitiva, el 92 fue un año que merece la pena recordar, no sólo por los grandes momentos vividos en el Anfiteatro Romano, sino también por la extensión del Festival de Itálica por los pueblos de nuestra provincia con actuaciones como las de Ulen Spigel.

 

 

 

 

 

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