14/oct
comunicacion
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ITÁLICA VUELVE A ITÁLICA

Más recuerdos de nombre propios que son experiencias vividas en nuestro festival. En el caso que nos ocupa, el de la periodista especializada en danza de diario El Mundo Julia Martín, que escribió el siguiente texto para el catálogo de la edición de 2009.

La vuelta del Festival Internaional de Danza de Itálica a su lugar natural –las ruinas romanas de Santiponce- después de diecisiete años de vagabundeo por distintos lugares, como expiando la culpa de haber acertado tanto, es una de las alegrías grandes que nos pueden dar las instituciones a la “familia” de la danza, tan acostumbrada como está a columpiarse entre la esperanza y la decepción, tan cansada de esperar apoyos consistentes y verdaderos; tan atónita ante decisiones y sin fundamento.

Para mi “Itálica” ha sido el modelo de lo que debe de ser un festival: descubridor para el público, abierto a lo plural para las compañías y acogedor para todo aquel que se acercara por trabajo o por diversión. Recuerdo especialmente dos Giselle antológicas, la moderna de Mats Ek con el Cullberg, asociada para siempre a Ana Laguna, y la de Trinidad Sevillano y Fernando Bujones con el Boston Ballet. Tengo la imagen de Michael Clark, Trisha Brown, la de Alvin Nikolais, el Plan K, y tantos otros.

Conocí el Festival de Danza de Itálica en 1997 cuando empecé a escribir en el suplemento semanal –En Cartel- de El País. Me admiró que Sevilla tuviera un festival exclusivo de Danza, algo que no se daba en España, y que allí se pudiera ver lo más novedoso y pujante del paisaje europeo y estadounidense, también muchas de las “asignaturas pendientes” que tenía España.

Cuando Mercedes Rico, que entonces ejercía como crítica de Danza, no podía acudir allí yo la sustituía con gran placer. Así pude ver, conocer, ensanchar mi perspectiva, y siempre encontrar amigos. Incluso el calor y los mosquitos han seguido en mi memoria sin acritud. Iban en el lote, con el maravilloso jamón de antes y la copa de después. Todo es memoria y esperanza de reencuentro. ¡Larga vida!

Julia Martín
Crítica de danza de El Mundo

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