06/oct
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APUNTES DE UNA VISITA (Museo Arqueológico de Sevilla) 6-IV-2011

Jacobo Cortines (Lebrija, 1946) poeta, ensayista, traductor, editor, académico, profesor universitario y miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, dedicó a Juan Antonio Maesso, director del Festival de Itálica en 2011 un sentido texto el que casi podemos tocar con su lectura los vestigios de la Sevilla Romana.

A Juan Antonio Maesso

La majestad y la tristeza de los leones ibéricos.

El que está en el centro de la sala, el león de Lebrija, con una cabeza de carnero entre sus fauces. Los que están delante, como guardianes inmóviles. los que están detrás al fondo, como castigados en la pared. La difusa estela de una palmera y un caballo al galope. La fecundidad en las flores, toros, esfinges y grifos.

Aún no ha llegado Roma.

El impacto del imperio ante los ojos.

Nióbide es un altorrelieve; el torso de Claudio con su interrogación; la Amazona ancha y tosca; la cabeza de Ariadna apoyada en su mano, como dormida; el sacerdote sacrificador, hierático sin manos ni cabeza; el joven de Alcalá de Guadaira, tan de hoy, bien peinado y de nariz respingona. Como Baco y los otros venidos desde Écija, me siento llevar por un carro tirado por dos tigres.

Ánforas, vitrinas y mosaicos.

El mármol cada vez más pulido y brillante.

Blanco en la mano de Zeus con el haz de rayos, que reposa en silencio, bajo la cabeza sonriente del dios Pan de Las Cabezas. Deslumbrante en el Mercurio, cuyas alas atadas a los pies acentúan la desnudez de su pecho, vientre, ingles, piernas, que no cubre la clámide alrededor del cuello y por la espalda.

El mármol de Paros que dio esplendor a Itálica.

Y más intensa aún la desnudez de aquella erguida y triunfante sale de la espuma mar. ¿Adónde se dirige? ¿Qué camino inicia ese muslo que se alza leve? ¿A quiénes quería mostrar su plenitud? ¿Y su cara, sus ojos y su boca? Mejor así, sin faz. Puro misterio. Sólo el comienza de un cuello fino y dos mechones que no alcanzan los hombros. Todo lo demás su adolescente cuerpo sin pudor.

Y una hoja de loto en la mano y un delfín a los pies.

Cabezas, cabezas, torsos, torsos. la altiva y sencilla arrogancia de Trajano. Y entre columnas coronadas de capiteles que no sostienen nada, Diana Cazadora, con su perfil clásico, con su pelo recogido, con su falda corta, pero opaca. No como las ebrias bailarinas del teatro. Desmelenadas, curvadas, extasiadas, con sus cabezas que giran, sus troncos que se contorsionan, y sus extremidades que garabatean al son de gritos y panderetas. La danza, la danza entre unas gasas que todo lo transparentan porque nada tiene que ocultar.

La pierna en bronce del jinete y el fragmento dorado de la cola.

JACOBO CORTINES
Escritor.

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